Las lágrimas de mi madre

Claudia tenía dos hijos, de 9 y de 11 años, su marido la había abandonado dos años atrás, abrumada con cuentas por pagar y ese sentimiento de soledad e impotencia que todavía no sanaba del todo, una noche luego de dormir a sus hijos, comenzó a llorar.

Metió su cabeza en la almohada mientras sus lágrimas salían, de pronto, sintió una manita en su hombro y vio con asombro que sus hijos se habían levantado estaban ahí, tristes, viéndola llorar.

  • ¿Pasó algo malo Mamá? pregunto la mayor.
  • ¿Quién te hizo llorar? preguntó el menor
    Por un momento pensó en enjugarse y decir que no pasaba nada, pero los niños cada vez hacían más preguntas, recobrando la serenidad se sentó y les tomo sus manitas diciendo:
  • Hijos: Ustedes son diferentes en la escuela a como son conmigo aquí en casa, ¿no es verdad?
  • En parte Mami, respondió la mayor, porque ahí no nos consienten como tú.
  • Pues lo mismo pasa con todos, somos como personas diferentes en una misma, dependiendo de con que papel desempeñemos en la vida. Dijo al tiempo que levantaba su mano y separaba sus dedos, tomando uno de ellos, prosiguió:
  • Este dedo es su Mamá como hija (pues aún tengo padres),
    Este otro dedo es su mamá como mamá, la que cuida de ustedes,
    Este dedo es su mamá como enfermera (la que era su profesión),
    Este dedo es su mamá como amiga y soy muy divertida,
    Y ese otro dedo es su mamá como mujer, la que en ocasiones se siente sola y todos esos dedos forman la mano, todos unidos y a su vez cada uno individual, ¿entienden?
    -Si Mami, contestaron los dos.
  • Pues bien, este dedo (dijo mientras se tocaba en último de los mencionados) me duele y necesito sanarlo para que se cure sin dañar a los otros y las lágrimas sanan, limpian, así entonces no pasa nada con lo que no pueda, el dedo que corresponde a su mamá está perfectamente, por lo que como familia estamos a salvo, aunque duela un poco el otro.
  • Es cierto Mami, tienes derecho a que uno te duela y nosotros podemos sobartelo para que se recupere pronto, así los otros cuatro ayudan al que está triste.
    Claudia, soltó una carcajada y los abrazó.
    Gracias hijos, así se está curando mucho más pronto.
    Ningún padre quiere que sus hijos lo vean llorar, pero las lágrimas hablan de los sentimientos de las personas, prohibirlas solo hace hijos duros y poco expresivos, siempre es mejor encontrar un sentido a las lágrimas y aprender a valorarlas en vez de negarlas y asfixiarse en ellas, tanto para quien las vierte como quien las percibe, es mucho más sano decir:
  • Si hijo, no es una piedra en el ojo, son lágrimas, lágrimas que me están sanando…

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